“Cuando las cosas van bien, siempre aparecen montones de “amigos”,
pero es en los momentos malos cuando aparecen los de verdad”. Esta frase la he tenido muy
presente a lo largo de mi vida, principalmente en momentos importantes de mi
etapa futbolera (llegue a debutar en segunda y también estuve en el ostracismo
de la lesión, sin equipo). Por eso, estoy tremendamente abrumado por la
cantidad de mensajes de apoyo que he recibido durante el último mes. Me
considero un afortunado de tener tanta gente detrás, que con un simple mensaje
ha aportado su granito de arena, su empujón diario, para que yo me sienta cada
vez mejor.
Mañana se cumpliran 4 semanas desde que rompí la clavícula, pero allí dejé cosas más
importantes. En el asfalto de Queen K quedaron meses de duro entrenamiento e ilusión, una
gran inversión económica y lo peor, un gran estado de forma. Volver la vista atrás
no sirve de nada, sólo son malos recuerdos. El pasado jueves me quitaron el
cabestrillo y puedo empezar a mover algo el brazo. Así que contento de ver una
pequeña mejoría y de poder limpiarme el sobaco sin ver las estrellas.
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Después de la tempestad, llega la calma. |
Pero volvamos a los agradecimientos, en este post el protagonista no soy yo. Porque la clavícula se
va a curar, yo volveré a entrenar, volveré a competir y todo esto será un mal
sueño, una pesadilla. Pero en esta pesadilla he tenido momentos muy
satisfactorios. Saber que aunque sea un deporte individual, a mi alrededor
tengo un pedazo de EQUIPO. Ser consciente de que tengo una pareja que tiene el cielo ganado,
un hermano-entrenador (Siempre serás el mejor) que a pesar de tener sus propios
problemas ha estado pendiente y una familia, amigos (fisio) y compañeros de
curro que ya los quisiera cualquier persona. Y además de esto, que ya sería
suficiente, un montón de conocidos que, sin ser amigos, han estado muy
pendientes de mi evolución vía rrss o whaatsupp. A todos, ¡MUCHAS GRACIAS!